Nacido como cronógrafo deportivo, adoptado por pilotos y convertido en símbolo de la exploración espacial, el Omega Speedmaster continúa ampliando su legado. El Super Racing y el Pilot representan dos formas diferentes de interpretar una misma obsesión: medir el tiempo con la máxima precisión.
Desde las inmersiones a profundidades récord hasta la llegada del ser humano a la Luna, la historia de Omega está estrechamente ligada a la exploración, la innovación y la superación de grandes desafíos técnicos. Pocas colecciones resumen mejor esa trayectoria que el Speedmaster, un reloj que ha demostrado sus cualidades en la pista, en las cabinas de vuelo y en el espacio.
Lejos de limitarse a conservar su condición de icono, el cronógrafo continúa evolucionando mediante modelos que exploran diferentes capítulos de su historia. El Speedmaster Super Racing, presentado en 2023, abrió una nueva etapa tecnológica al convertirse en el primer reloj de Omega equipado con el sistema Spirate™. Un año después llegaba el Speedmaster Pilot, una interpretación contemporánea de la estrecha relación que la manufactura mantiene desde hace décadas con la aviación.
Dos propuestas con personalidades distintas, pero unidas por una misma idea: la búsqueda constante de una precisión mecánica cada vez mayor.

Super Racing: el laboratorio del Speedmaster
El Speedmaster Super Racing es mucho más que una reinterpretación estética del célebre cronógrafo. El modelo funciona como un escaparate de algunas de las investigaciones técnicas más avanzadas de Omega y representa un nuevo paso en el control de la marcha de los relojes mecánicos.
En su interior se encuentra el calibre Co-Axial Master Chronometer 9920, equipado con la tecnología Spirate™. Este sistema permite alcanzar una precisión certificada de entre 0 y +2 segundos al día, un margen especialmente exigente que mejora los requisitos habituales de la certificación Master Chronometer otorgada por el Instituto Federal Suizo de Metrología, METAS.

El dato resulta especialmente relevante en un reloj mecánico. Aunque la precisión depende de numerosos elementos, una de las piezas fundamentales es la espiral del volante, un componente extraordinariamente fino y delicado que regula las oscilaciones del movimiento. Cualquier pequeña variación en su comportamiento puede afectar a la regularidad con la que el reloj mide el paso del tiempo.
Spirate™, una revolución microscópica
Para desarrollar Spirate™, Omega transformó su conocida espiral de silicio Si14. La nueva arquitectura permite modificar con gran exactitud la rigidez de su punto de fijación mediante un mecanismo excéntrico situado sobre el puente del volante.
Gracias a este sistema, el relojero puede realizar ajustes extremadamente pequeños y controlar la marcha con una precisión difícil de conseguir mediante los métodos de regulación convencionales. La innovación no reside únicamente en el material empleado, sino también en la manera en que la espiral interactúa con el resto del órgano regulador.
La estructura articulada incorpora elementos flexibles y se fabrica a partir de obleas de silicio mediante un procedimiento interno denominado DRIE, siglas en inglés de grabado profundo por iones reactivos. Este proceso permite producir componentes de dimensiones microscópicas con geometrías muy precisas y propiedades constantes.
El resultado es una tecnología que mejora la capacidad de regulación del movimiento sin renunciar a las ventajas del silicio: ligereza, estabilidad, resistencia al desgaste y ausencia de sensibilidad frente a los campos magnéticos.

Más de dos décadas de evolución
Spirate™ no apareció como un avance aislado. Es la consecuencia de una evolución técnica que Omega inició hace más de dos décadas y que ha transformado progresivamente la arquitectura de sus movimientos.
Uno de los grandes hitos se produjo en 1999, cuando la firma comenzó a incorporar el escape Co-Axial. Inventado por el relojero británico George Daniels y posteriormente desarrollado a escala industrial por Omega, este sistema reducía las superficies de contacto entre determinados componentes del escape y limitaba la necesidad de lubricación.
Al disminuir la fricción, el Co-Axial favorecía una mayor estabilidad de la marcha durante periodos prolongados y ayudaba a conservar el rendimiento del movimiento entre revisiones.
En 2008 llegó otro avance decisivo: la espiral Si14, fabricada en silicio y aproximadamente tres veces más fina que un cabello humano. Su ligereza, elasticidad y resistencia contribuyeron a proteger el órgano regulador frente a los golpes y los efectos del magnetismo.
Cinco años después, Omega presentó el Seamaster Aqua Terra >15.000 Gauss, impulsado por el calibre Co-Axial 8508. En lugar de proteger el movimiento mediante una caja interior de hierro dulce, la manufactura recurrió al silicio y a otros materiales no ferromagnéticos para conseguir que el propio mecanismo resistiera campos magnéticos muy intensos.
En 2015, la marca dio un nuevo paso con la introducción de la certificación Master Chronometer. Desarrollado en colaboración con METAS, este procedimiento somete al reloj completo —y no únicamente al movimiento— a una amplia serie de pruebas relacionadas con la precisión, la autonomía, la hermeticidad y la resistencia magnética.
Spirate™ reúne buena parte de ese aprendizaje y añade una capacidad de regulación todavía más precisa.

Homenaje a la investigación antimagnética
El Speedmaster Super Racing fue el primer modelo encargado de presentar esta tecnología. Realizado en acero inoxidable, el reloj rinde homenaje al Seamaster Aqua Terra >15.000 Gauss, una pieza que marcó un momento decisivo en la investigación antimagnética de Omega.
El calibre Co-Axial Master Chronometer 9920 puede contemplarse a través del fondo de cristal de zafiro. Esta solución permite observar la construcción del movimiento y subraya el carácter técnico de una pieza concebida para mostrar las posibilidades de Spirate™.
La esfera presenta un motivo de nido de abeja inspirado en un reloj conceptual conservado en el Museo Omega de Biel. A su alrededor aparece una minutería de estilo racing que acentúa la personalidad deportiva del modelo.
El bisel de cerámica negra incorpora la tradicional escala taquimétrica del Speedmaster, realizada en esmalte amarillo Grand Feu. El mismo color se utiliza en la aguja central del cronógrafo, que presenta un efecto degradado, y en la aguja del pequeño segundero, decorada con franjas negras y amarillas.
A las tres se sitúa un contador combinado de 60 minutos y 12 horas. Su aguja también puede emplearse como indicador de un segundo huso horario, una función especialmente práctica para quienes viajan con frecuencia.

Una fecha cargada de significado
La ventana de calendario, situada a las seis, esconde uno de los detalles más singulares del Super Racing. El día 10 de cada mes aparece representado con la tipografía del logotipo Speedmaster.
No se trata de una decisión puramente decorativa. El número conmemora el décimo aniversario del Seamaster Aqua Terra >15.000 Gauss, presentado en 2013. De esta forma, el calendario se convierte cada mes en un recordatorio del reloj que impulsó una nueva generación de movimientos resistentes al magnetismo.
El homenaje continúa en la correa NATO adicional, confeccionada en nailon reciclado y decorada con franjas negras y amarillas. El reloj se entrega también con un brazalete de acero inoxidable, una alternativa que refuerza su carácter deportivo y versátil.
Del circuito a la cabina de vuelo
Mientras el Super Racing representa el futuro técnico de la colección, el Speedmaster Pilot dirige la mirada hacia una parte esencial de sus orígenes.
Cuando apareció en 1957, el primer Speedmaster fue concebido como un cronógrafo resistente, fiable y fácil de leer. Aunque su diseño estaba relacionado con el automovilismo, esas mismas cualidades despertaron el interés de numerosos pilotos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que comenzaron a utilizarlo como instrumento personal.
El Speedmaster Pilot recupera esa conexión mediante una caja simétrica de acero inoxidable de 40,85 milímetros. Su acabado mate reduce los reflejos y facilita la lectura, una característica especialmente útil en entornos donde la visibilidad puede cambiar rápidamente.
El bisel incorpora un anillo de aluminio negro con referencias históricas apreciadas por los coleccionistas, como el denominado “Dot Over Ninety”, en el que el punto se sitúa sobre el número 90 de la escala taquimétrica, y el “Diagonal to Seventy”.
Una esfera inspirada en los instrumentos de vuelo
La esfera negra granulada del Speedmaster Pilot reproduce el lenguaje visual de los paneles de instrumentación aeronáutica. Las agujas de horas y minutos, junto con los índices, incorporan amplias superficies de Super-LumiNova blanca con emisión verde, diseñadas para garantizar una lectura clara en condiciones de escasa iluminación.
La aguja central del cronógrafo introduce un toque de color mediante una punta naranja con forma de avión. Los dos contadores siguen también la estética de una cabina de vuelo.
A las tres aparece un totalizador de 60 minutos y 12 horas equipado con una aguja triangular naranja. Su diseño recuerda a los indicadores utilizados para controlar el consumo de combustible de los aviones.
A las nueve, el pequeño segundero adopta la apariencia de un visor. Una aguja amarilla se desplaza sobre una representación azul del horizonte artificial, uno de los instrumentos fundamentales para conocer la orientación de una aeronave cuando las referencias visuales exteriores son insuficientes.
Estos elementos no reproducen de manera literal los instrumentos de aviación, pero utilizan sus colores, formas y códigos gráficos para construir una esfera de lectura intuitiva y personalidad reconocible.
Precisión Master Chronometer
El Speedmaster Pilot está impulsado por el calibre Co-Axial Master Chronometer 9900, certificado por METAS de acuerdo con sus estándares de precisión, rendimiento y resistencia magnética.
A diferencia del Super Racing, el movimiento no queda a la vista. Está protegido por un fondo metálico decorado con el tradicional medallón del hipocampo, uno de los emblemas históricos de Omega.
La caja ofrece una hermeticidad de 100 metros, mientras que el brazalete de acero incorpora el sistema patentado de ajuste de confort de la firma. El reloj se entrega también con una correa NATO gris reforzada con hilos de Kevlar® y equipada con una hebilla de acero cepillado.
Omega y la conquista del aire
La relación de Omega con la aviación comenzó mucho antes del nacimiento del Speedmaster. Durante la Segunda Guerra Mundial, la compañía entregó más de 110.000 relojes al Ministerio de Defensa británico para equipar a miembros de la Royal Air Force y de la aviación naval. Uno de los modelos utilizados fue el UK/CK2292, especialmente valorado por su resistencia magnética. Esta cualidad resultaba fundamental para los pilotos que volaban cerca de los potentes motores y sistemas eléctricos de cazas como el Hurricane y el Spitfire.
Después de su lanzamiento en 1957, el Speedmaster comenzó a ser utilizado también por pilotos estadounidenses. Algunos de ellos formarían parte posteriormente del programa Mercury, el primer proyecto espacial tripulado de la NASA. La transición del cielo al espacio se produjo de manera natural: las cualidades que hacían útil al reloj en una cabina de vuelo —legibilidad, resistencia y fiabilidad— eran también esenciales fuera de la atmósfera terrestre.
En 1969, Omega presentó el Flightmaster, un reloj creado específicamente para pilotos y viajeros. Su diseño voluminoso, sus colores funcionales y su capacidad para mostrar varios husos horarios lo diferenciaban claramente de los cronógrafos tradicionales de la época. Ese mismo año tuvo lugar el primer vuelo del Concorde. Instrumentos de medición fabricados por Omega fueron utilizados en diferentes ejemplares del avión supersónico, mientras que varios miembros de sus tripulaciones eligieron relojes de la manufactura. Entre ellos se encontraba el capitán John Hackett, la primera persona que pilotó un Concorde sobre el océano Atlántico.








