La Watch Art Grand Exhibition abre hoy sus puertas en Milán y permanecerá abierta hasta el 18 de octubre. La gran cita de Patek Philippe plantea un recorrido por la historia, la técnica y los oficios de la Manufactura ginebrina. La presentación de los nuevos Gondolo Ladies First, una excepcional colección de Grandes Complicaciones y siete ediciones limitadas creadas para Italia se suma a 25 piezas de Alta Artesanía inspiradas en la cultura del país anfitrión. Todo ello bajo una idea que Thierry Stern repite con claridad: aquí no se viene únicamente a contemplar relojes, sino a entender por qué se hacen así.

Desde hoy, 2 de octubre, y hasta el próximo día 18, Milán se convierte en uno de los grandes centros mundiales de la relojería. Patek Philippe ha elegido el histórico CityOval de CityLife, antiguo Palazzo delle Scintille, para celebrar una nueva edición de su Watch Art Grand Exhibition, un formato nacido en 2012 con el propósito de acercar al gran público un universo que habitualmente permanece detrás de las puertas de una manufactura.

La elección de las palabras no es casual. Grand Exhibition define las dimensiones del acontecimiento, pero Watch Art explica mejor su propósito. Porque lo que Patek Philippe despliega en Milán no es únicamente una concentración extraordinaria de relojes. Es, sobre todo, una exposición dedicada a enseñar cómo se construye, se conserva y se transmite la alta relojería.
La muestra está abierta al público y el acceso es gratuito, previa inscripción, una decisión que forma parte esencial de su filosofía. El visitante puede recorrer espacios dedicados a la colección actual, al Museo Patek Philippe, a las etapas de producción y los movimientos, a los relojes con sonería, a los relojeros y a los métiers d’art, con demostraciones en directo de los artesanos de la casa.

“No estamos aquí para vender. Estamos aquí para educar a la gente sobre la alta relojería”, explicaba Thierry Stern durante la presentación previa de la exposición. Una declaración que resume probablemente mejor que ninguna otra la razón de ser de Watch Art.
Para el presidente de Patek Philippe, el objetivo es que alguien pueda entrar sin conocer necesariamente los secretos de un movimiento mecánico y salir entendiendo la cantidad de conocimiento, tiempo y personas que existen detrás de un reloj. “Me gustaría que la gente saliera diciendo: ‘No sabía que fuera tan difícil crear un reloj ni que pudiera ser tan bello’. No es simplemente un objeto que da la hora. Es una pieza de arte”.
La relojería como experiencia real
La reflexión adquiere todavía más sentido en un momento en el que buena parte de nuestra relación con el lujo se produce a través de una pantalla. Redes sociales, imágenes creadas o modificadas digitalmente y, ahora, inteligencia artificial permiten construir universos visuales prácticamente sin límites. Frente a ello, Stern reivindica el contacto con el objeto y con quienes lo hacen.
“Aquí no hay inteligencia artificial. No podemos hacer trampas”, afirma. En Watch Art se puede observar a un relojero trabajando, hablar con los especialistas y descubrir en directo técnicas de esmaltado, engaste o grabado. Para Stern, esa experiencia es difícilmente sustituible: “Mira el producto real, no solamente una película o una fotografía. Photoshop es muy poderoso”.
Esa voluntad pedagógica explica también que la muestra no esté concebida únicamente para coleccionistas. Patek Philippe quiere atraer tanto al conocedor como a quien nunca ha tenido la oportunidad de descubrir desde dentro una manufactura de alta relojería.
La cultura relojera italiana
Stern define Italia como uno de los mercados más maduros y conocedores del mundo. Un país en el que la afición por el reloj se ha transmitido durante generaciones y donde algunas familias llevan tres generaciones coleccionando Patek Philippe.
“Siempre se ha dicho que si funciona en Italia, funcionará en cualquier parte del mundo”, comenta. Una sensibilidad que vincula también con la moda, el diseño y una capacidad específicamente italiana para reconocer las proporciones, los colores y la belleza de los objetos.
Ese diálogo entre Patek Philippe e Italia recorre buena parte de la exposición y, muy especialmente, las piezas creadas para Milán.

Gondolo Ladies First: una nueva mirada a la relojería femenina
Entre las grandes novedades que debutan con Watch Art destaca Gondolo Ladies First, una colección que recupera una de las tradiciones menos evidentes, pero más importantes, de Patek Philippe: la creación de relojes específicamente pensados para la mujer.
Son seis nuevas referencias que reinterpretan el espíritu del Ladies First Chronograph de 2009. La conexión histórica tiene su importancia. Aquella referencia 7071 rompió en su momento una convención al reservar para un reloj femenino el estreno del primer movimiento de cronógrafo de cuerda manual completamente desarrollado por la manufactura. Ahora el planteamiento es diferente, pero permanece la misma voluntad de situar el diseño femenino en primer plano.

Gondolo Ladies First parte de una caja de 31 x 34,8 mm, de inspiración Art Déco, cuya forma de cojín suaviza la geometría del cuadrado mediante contornos redondeados y asas articuladas. La colección se divide en dos familias. Tres versiones combinan cajas de oro blanco, oro rosa o una combinación de ambos con esferas opalinas, motivos de ondas concéntricas y un realce engastado con 108 diamantes. Los tonos azul grisáceo, castaño y plateado proporcionan personalidades muy diferentes sobre una misma arquitectura. Las otras tres referencias llevan el concepto hacia el terreno de la joyería. La esfera, la caja y las asas se cubren de diamantes y el color aparece en los índices: topacios azules, tsavoritas verdes o amatistas violetas, combinados con correas de aligátor en tonalidades igualmente intensas. Cada una de estas versiones reúne 687 diamantes talla brillante, mientras que las piedras de color proporcionan el contrapunto a una construcción deliberadamente luminosa.
En esta ocasión Patek Philippe ha elegido un movimiento de cuarzo, el calibre E15, que permite conservar un perfil especialmente fino y responde a una idea de facilidad de uso que Stern considera esencial en esta colección. Patek Philippe recuerda, además, que sus calibres de cuarzo reciben un nivel de acabado equiparable al aplicado a sus mecanismos de cuerda manual y automática.

Un cronógrafo con calendario perpetuo que cambia en 30 milisegundos
Si Gondolo representa una de las grandes novedades, el lado más técnico de Watch Art encuentra su mejor expresión en la referencia 5978P-010. Patek Philippe recupera aquí una combinación que nos lleva a la referencia 1518 reunió en 1941 por primera vez en un reloj de pulsera producido en serie un cronógrafo y un calendario perpetuo, combinación que se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la manufactura gnebrina. Milán sirve ahora para abrir un nuevo capítulo.
La 5978P combina por primera vez el cronógrafo manual de la familia CH 29-535 con un calendario perpetuo instantáneo, dando como resultado el nuevo calibre CH 29-535 PS QI, formado por 500 componentes. La singularidad está en la manera en la que cambia la información del calendario. Día, fecha, mes y ciclo de los años bisiestos avanzan simultáneamente en apenas 30 milisegundos. Frente a un calendario convencional, donde las indicaciones pueden evolucionar progresivamente alrededor de la medianoche, aquí la energía se acumula durante horas para liberarse en una fracción de segundo y mover al mismo tiempo los diferentes discos.
Thierry Stern encuentra precisamente en ese instante uno de los aspectos más fascinantes del reloj. Habla de esperar hasta medianoche y escuchar cómo toda la información cambia a la vez: “Estás sentado, lo oyes y piensas: ‘Ah, sí, son las doce’. Y es realmente medianoche. Ahí ves la precisión del movimiento. Es increíble”.
El calibre se aloja en una caja de platino de 42 mm, acompañada por una esfera azul marino soleil, centro texturizado y degradado negro. Las indicaciones del calendario aparecen en italiano y los acentos rojos del cronógrafo introducen un componente deportivo que se prolonga en la correa de material compuesto azul marino. La producción queda limitada a 120 ejemplares.
Tradición e innovación conviven aquí de una manera especialmente ilustrativa de la filosofía que Stern defiende para la compañía. “Tenemos que evolucionar y seguir el gusto de las generaciones más jóvenes sin olvidar a las anteriores”, afirma. Y recuerda que la innovación no es algo ajeno a la historia de Patek Philippe: cuando su padre lanzó el Nautilus, aquel reloj fue una propuesta extraordinariamente audaz.

Siete relojes para Milán
La 5978P encabeza un conjunto de siete ediciones limitadas destinadas al mercado italiano, en las que Patek Philippe juega tanto con las grandes complicaciones como con códigos estéticos vinculados al país anfitrión. Especialmente llamativa es la referencia 7047G-010, una repetición de minutos de oro blanco limitada a solo cinco unidades. Su esfera lacada en rojo intenso y el motivo de carbono realizado directamente sobre la laca ofrecen una imagen mucho más deportiva de lo que tradicionalmente asociamos con una sonería de Patek Philippe. En su interior trabaja el calibre automático R 27 PS, de apenas 5,05 mm de grosor.

El verde es la apuesta de la referencia 7147G-010, un calendario perpetuo de 38 mm producido en 100 unidades, mientras que el blanco aparece en el 7007G-010, un Calatrava con fecha y segundero central del que se realizarán 200 ejemplares. Junto con el rojo de la repetición de minutos forman una interpretación deliberadamente sutil de la bandera italiana.
Mientras, el Aquanaut 5167A-014, limitado a 250 piezas, combina acero con una esfera azul soleil degradada hacia negro, minutería roja y correa integrada azul noche. Stern reconoce que no hay una referencia específicamente italiana en ese diseño. El criterio fue mucho más sencillo: “Queríamos hacer un reloj bonito, encontrar la combinación perfecta”. Hasta el punto de que de los 250 ejemplares previstosrealmente habrá 249 disponibles: uno se lo ha reservado él mismo.

Las dos últimas referencias, 5531G-012 y 5531G-013, condensan probablemente mejor que ninguna otra el diálogo entre complicación y artesanía. Ambas combinan Hora Universal y repetición de minutos y están limitadas a cinco ejemplares cada una. Sus esferas de esmalte Grand Feu cloisonné reproducen un plano del centro de Milán, de día en una versión y de noche en la otra.

Además de su extraordinario trabajo artesanal, la referencia 5531 posee una particularidad técnica: su repetición de minutos hace sonar siempre la hora local correspondiente al huso horario seleccionado a las doce, y no la hora de origen. El nombre de Milano aparece en rojo dentro del disco de ciudades, cuyas denominaciones se presentan en italiano.
Italia convertida en esfera
Pero el verdadero homenaje al país anfitrión aparece en el conjunto de 25 creaciones de Alta Artesanía desarrollado específicamente para esta Watch Art.
Seis relojes de sobremesa Dôme, otro reloj de sobremesa, cuatro relojes de bolsillo y catorce relojes de pulsera forman una colección que utiliza el reloj como soporte para un recorrido cultural por Italia. Grabado a mano, guilloché, engaste, esmalte Grand Feu cloisonné, miniatura sobre esmalte, paillonné, flinqué, grisaille o marquetería de madera aparecen solos o combinados en técnicas mixtas.
Las piezas se articulan alrededor de cuatro grandes temas: regiones y ciudades italianas, artesanía tradicional, pintura y artes y oficios. Y es precisamente aquí donde Patek Philippe se permite mostrar una cara mucho más lúdica.
Cuatro relojes Calatrava siguen al Fiat 500, convertido en símbolo de la dolce vita, a través de distintos paisajes italianos. La Costa Amalfitana, Puglia y otros escenarios sirven de fondo a pequeñas escenas realizadas mediante esmalte cloisonné y pintura en miniatura.
Thierry Stern considera que encontrar la inspiración no fue lo más difícil. Italia ofrece demasiadas posibilidades. El verdadero reto llega después: “¿Cómo puedes transformar algo divertido en algo que siga siendo Patek Philippe?”.
El Fiat 500 es un ejemplo perfecto. La imagen puede resultar desenfadada, pero la técnica empleada para construirla mantiene los estándares de la más alta artesanía. Según Stern, las piezas están despertando tal interés que ya anticipa los problemas que supondrá decidir su destino. “Todo el mundo quiere una”.
La colección viaja también a Sicilia, representada en un reloj Dôme con naranjos en primer plano y Palermo al fondo; a Rávena y sus mosaicos; a Florencia mediante una interpretación del mosaico de piedras duras; o a Burano y la delicadeza de sus encajes.
Uno de sus puntos culminantes es el reloj de bolsillo 995/151G-001 “Dante”, pieza única de oro blanco inspirada en el retrato de Dante Alighieri realizado por Sandro Botticelli hacia 1495. Esmalte cloisonné, pintura en miniatura, polvo de oro y grabado se combinan para situar la figura del poeta sobre un fondo azul estrellado, acompañada por referencias a los dibujos de Botticelli para la Divina Comedia.
Aquí se entiende otra de las frases de Stern durante la entrevitas: lo difícil no es tener una idea. “La idea es un placer. Lo difícil es fabricarla”.
Una cuestión de calidad
Detrás de toda esta diversidad existe una constante que Stern considera innegociable: la calidad. Cuando se le pregunta qué puede cambiar Patek Philippe para seguir conectando con nuevas generaciones y qué debería permanecer intacto, su respuesta comienza precisamente ahí. “Lo primero es la calidad del producto. Eso no debe cambiar nunca”. Es la razón, explica, por la que creó el Sello Patek Philippe. La exigencia afecta al movimiento, pero también a la caja, la esfera, las agujas, el brazalete y el servicio posventa. “Siempre tenemos que ser mejores, pero nunca bajar”.
El diseño, en cambio, debe evolucionar. Pueden cambiar las dimensiones, los colores y las formas. La propia amplitud del catálogo –Calatrava, Gondolo, Golden Ellipse, Nautilus, Aquanaut o Cubitus demuestra que no existe una única estética Patek Philippe.
Lo que debe permanecer es una forma de hacer las cosas. Y ahí aparece también la independencia de la compañía, otro de los conceptos recurrentes en el discurso de Stern. Algunas de las ediciones creadas para estos acontecimientos gustan tanto dentro de la propia manufactura que surge la tentación de conservarlas en la colección y producir más unidades. “Hay veces que hacemos un reloj tan bonito que pensamos que deberíamos mantenerlo para siempre y crear otro para el evento”, reconoce. Sin embargo, aceptar que una pieza especialmente lograda pueda existir únicamente como serie limitada forma parte del juego. “Esa es la belleza de ser independientes. Si perteneciera a un grupo, quizá me dirían: ‘No, no, fabrica muchos’. Yo no estoy persiguiendo eso”.
Watch Art permanecerá abierta en Milán hasta el 18 de octubre. Durante algo más de dos semanas, Patek Philippe traslada a CityOval una parte de Ginebra: su historia, sus relojes, sus complicaciones, los fondos de su museo, los movimientos y, sobre todo, a las personas que siguen ejecutando muchos de los procesos que definen la alta relojería.








