Limitado a ocho ejemplares, el Grand Seiko SBGD228 combina oro rosa de 18 quilates, diamantes, granates de Mozambique y una esfera de madreperla rojo vino. En su interior late el calibre Spring Drive 9R01, desarrollado por el Micro Artist Studio, con una reserva de marcha de ocho días y una precisión declarada de ±0,5 segundos diarios. Una creación excepcional en la que la alta joyería se encuentra con la búsqueda de precisión que define a la manufactura japonesa.
Desde 1960, Grand Seiko persigue una idea de excelencia relojera en la que la precisión, el acabado y la legibilidad ocupan un lugar central. El león, emblema de la firma grabado tradicionalmente en el fondo de sus relojes, representa ese espíritu. En el SBGD228, sin embargo, su presencia va más allá del símbolo: inspira una pieza de alta joyería cuya esfera evoca la melena del animal y cuyo desarrollo está ligado al trabajo artesanal del Micro Artist Studio.
La producción, limitada a ocho unidades, reúne materiales preciosos, engaste manual y uno de los movimientos más singulares de la casa. El resultado no es simplemente una interpretación joyera de un reloj de alta gama, sino una creación en la que cada elemento —desde la selección de las piedras hasta la arquitectura del calibre— responde a una intención estética y técnica.
Una esfera de madreperla, diamantes y granates de Mozambique
El punto de partida visual del Grand Seiko SBGD228 es una esfera de madreperla en tono rojo vino, concebida para recordar los matices de la melena de un león. Sobre una base circular de oro de 18 quilates, los artesanos han dispuesto diamantes y granates de Mozambique, seleccionados por sus características de color y luminosidad.
El engaste reúne 46 diamantes de talla trapezoidal y 14 granates, colocados individualmente en raíles que siguen el arco de la esfera. La disposición crea una secuencia de reflejos que recorre el perímetro de la pieza. Los granates, con sus tonalidades rojas cálidas y profundas, desempeñan además una función práctica: actúan como índices horarios, con tres piedras señalando las doce.
Los diamantes prolongan su presencia hasta el anillo de la esfera y el bisel, donde se combinan con los granates para reforzar la continuidad visual del conjunto. Las agujas de horas y minutos, amplias y bien definidas, equilibran la riqueza decorativa, mientras que el segundero se desplaza suavemente sobre la superficie gracias a la tecnología Spring Drive.
La legibilidad sigue formando parte de la identidad del reloj, incluso en una pieza donde el trabajo ornamental adquiere un protagonismo extraordinario.
Oro rosa de 18 quilates y el pulido Zaratsu
La caja de oro rosa de 18 quilates se somete a un proceso de fabricación especialmente exigente. La aleación se trabaja mediante forja en frío antes de ser cortada y pulida con la técnica Zaratsu, el procedimiento de acabado que permite obtener superficies planas, sin distorsiones visibles y con un reflejo próximo al de un espejo.
Solo después de completar esta fase intervienen los especialistas en engaste. Los hombros de la caja incorporan 112 diamantes, a los que se suma una piedra adicional en la corona.
La secuencia de trabajo resulta esencial para comprender la complejidad de la pieza: el acabado de la caja debe alcanzar su nivel de precisión antes de que las piedras preciosas se integren en la estructura. La decoración no sustituye al rigor de la construcción; se añade a él mediante una labor artesanal que exige coordinar disciplinas distintas.
Dos correas, una interpretación artesanal japonesa
Grand Seiko acompaña el SBGD228 con una correa de piel de cocodrilo marrón y otra realizada por KYOTO Leather, firma que combina técnicas tradicionales japonesas con la artesanía del cuero.
Esta segunda correa incorpora un tratamiento especial de estampación que reproduce visualmente los relieves de la melena de un león. El proceso hace que cada ejemplar presente ligeras variaciones, de modo que ninguna correa es exactamente igual a otra.
KYOTO Leather reúne técnicas vinculadas a la tradición del kimono, como el tejido Nishijin y los trabajos con hoja de oro de Kioto, con la experiencia de los curtidores de Himeji, una de las principales regiones japonesas dedicadas a la producción de cuero. Su presencia amplía el discurso del reloj más allá de la relojería y la joyería, incorporando otra expresión de la artesanía japonesa.
Calibre Spring Drive 9R01: ocho días de autonomía
El componente técnico central del SBGD228 es el calibre Spring Drive 9R01, diseñado, fabricado y ensamblado por el equipo especializado del Micro Artist Studio. Este movimiento ofrece una reserva de marcha de 192 horas —ocho días— y una precisión declarada de ±0,5 segundos al día cuando está en funcionamiento dentro de las condiciones especificadas por la marca.
Para alcanzar esa autonomía, el calibre utiliza tres barriletes dispuestos en secuencia. La arquitectura permite prolongar el tiempo de funcionamiento sin renunciar al planteamiento de precisión característico de Spring Drive, una tecnología que combina la energía de un sistema mecánico con la regulación electrónica del movimiento.
Un movimiento que representa su paisaje de origen
La decoración del 9R01 introduce una dimensión geográfica en su arquitectura. El puente de una sola pieza está acabado a mano y evoca la silueta del monte Fuji. La rueda deslizante, elemento distintivo del sistema Spring Drive, representa el sol naciente detrás de la montaña.
El indicador de reserva de marcha remite al lago Suwa, próximo al Micro Artist Studio. En el propio puente figura grabado el logotipo del estudio, una referencia al equipo responsable de desarrollar y ensamblar el calibre.
Son detalles que aportan significado a una construcción técnica que, de otro modo, podría quedar oculta tras el fondo de la caja. En el 9R01, el acabado no se limita a embellecer el movimiento: convierte su disposición en una interpretación del paisaje japonés asociado a su origen.
Grand Seiko SBGD228: una edición limitada a ocho piezas
El SBGD228 representa una vertiente excepcional de Grand Seiko, en la que el saber hacer relojero se combina con el engaste de piedras preciosas y una ejecución artesanal de alto nivel. Su esfera de madreperla rojo vino, los granates de Mozambique y los diamantes construyen una interpretación del león que evita recurrir a una representación literal del emblema.
La caja de oro rosa, el trabajo de pulido Zaratsu y la correa especial de KYOTO Leather amplían esa lectura, mientras que el calibre Spring Drive 9R01 mantiene el vínculo con la búsqueda de precisión que define a la firma.
Con solo ocho ejemplares, esta creación reúne dos lenguajes que no siempre comparten protagonismo en un mismo reloj: la alta joyería y la ingeniería mecánica de precisión. Una combinación que permite entender cómo Grand Seiko interpreta su símbolo más reconocible desde una perspectiva artesanal, técnica y profundamente japonesa.









