El fotógrafo conservacionista y biólogo marino canadiense Paul Nicklen ha dedicado tres décadas a documentar algunos de los ecosistemas y animales más extraordinarios del planeta. Sus imágenes, reconocidas internacionalmente, han convertido la fotografía de naturaleza en una poderosa herramienta de conservación, capaz de despertar conciencia y movilizar a millones de personas.
Con más de siete millones de seguidores en Instagram y un archivo de más de 2,5 millones de fotografías, Nicklen ha llevado la belleza y la vulnerabilidad del mundo natural a las portadas de las principales revistas internacionales. Como embajador de Rolex, su trabajo ha alcanzado nuevas audiencias y ha contribuido a poner el foco sobre el estado de los océanos y los paisajes del planeta.
Reverence: un homenaje a la naturaleza
Su último proyecto, Reverence, reúne 200 fotografías seleccionadas por el propio Nicklen y resume tres décadas de encuentros con la naturaleza. El libro, de 344 páginas, nace de una reflexión personal sobre la vida, la pérdida y la profunda conexión entre la humanidad y el mundo natural.
La idea surgió mientras Nicklen escribía el elogio fúnebre de su madre. La relación entre la maternidad, la naturaleza y la dimensión casi sagrada de los ecosistemas se convirtió entonces en el punto de partida de un proyecto que tardaría más de un año en tomar forma.
“Se trata del profundo respeto que siento por la naturaleza. Es mi llamado a la gente para que diga: ‘Dense cuenta del regalo que se les ha dado en esta tierra ahora; esta es nuestra última oportunidad para salvar este planeta’”.
— Paul Nicklen, fotógrafo de conservación y embajador de Rolex.
Más que un recopilatorio fotográfico, Reverence pretende convertirse en una llamada a la acción. Parte de sus beneficios, tanto de la venta del libro como de fotografías, se destinará a organizaciones dedicadas a la conservación en diferentes partes del mundo, con proyectos que incluyen la reforestación en África, la limpieza de playas y la recuperación de arrecifes de coral en Indonesia.

Una infancia en el Ártico
La relación de Paul Nicklen con la naturaleza comenzó mucho antes de convertirse en fotógrafo. Creció en una pequeña comunidad inuit del Ártico canadiense, rodeado de un entorno extremo y de unos padres aventureros que le dieron libertad para explorar la naturaleza.
En aquel territorio aprendió a convivir con la incomodidad, el aislamiento y la espera. Tres elementos que terminarían convirtiéndose en herramientas fundamentales para fotografiar algunas de las especies más difíciles de encontrar.
Su primera cámara llegó de manos de su madre. Era una Pentax K1000 y con ella tomó una fotografía aparentemente sencilla: un árbol iluminado a contraluz. Sin saberlo, aquella imagen marcaría el comienzo de una carrera dedicada a observar y documentar el mundo natural.
Nicklen estudió biología y trabajó durante cuatro años como biólogo de vida silvestre en un puesto gubernamental, donde participaba en el cálculo y establecimiento de límites de caza. Sin embargo, la naturaleza de aquel trabajo terminó alejándolo de aquello que realmente quería hacer.
A los 25 años decidió abandonar aquella trayectoria y marcharse a las tierras remotas de los Territorios del Noroeste de Canadá. Vivió solo en la naturaleza durante tres meses, una experiencia que reforzó su determinación de utilizar la fotografía para dar voz a las especies más vulnerables.
De la biología a National Geographic
Un encuentro casual con el fotógrafo de ballenas Flip Nicklin en el Ártico resultó determinante. Se convirtió en su mentor y, en 2001, Nicklen recibió su primer encargo para National Geographic.
Durante las dos décadas siguientes asumió algunos de los trabajos más complejos de la revista, enfrentándose a condiciones extremas para fotografiar osos espíritu, lobos marinos, ballenas y otras especies especialmente difíciles de capturar.
Entre sus proyectos más conocidos se encuentra su trabajo sobre los narvales, una investigación fotográfica que necesitó más de cinco años. Nicklen regresaba una y otra vez al Ártico esperando el momento adecuado para encontrarse con estos animales.
Su trabajo para National Geographic contribuyó además a revelar la dimensión del comercio ilegal de marfil de narval y ayudó a impulsar una histórica prohibición de la exportación de este material desde Canadá.
La fotografía como herramienta de conservación
A lo largo de su trayectoria, Nicklen ha recibido más de 30 de los principales premios internacionales de fotografía y conservación, entre ellos el Wildlife Photographer of the Year de la BBC y el World Press Photo de Fotoperiodismo.
Pero sus mayores logros, según el propio fotógrafo, no se encuentran en los reconocimientos, sino en el impacto que sus imágenes pueden generar.
En 2014, Nicklen cofundó SeaLegacy junto a la fotógrafa de conservación y también embajadora de Rolex Cristina Mittermeier. La organización nació con el objetivo de utilizar la comunicación y la fotografía para contar historias de conservación marina y promover la protección de los océanos.
Desde entonces, su trabajo ha contribuido a diferentes iniciativas de conservación, desde la protección de especies amenazadas hasta campañas destinadas a impedir proyectos potencialmente perjudiciales para ecosistemas costeros.
Rolex y el compromiso con la conservación
Nicklen forma parte de la familia Rolex desde 2022, dentro del compromiso de la Maison con la exploración, la ciencia y la protección del planeta.
Su trabajo encaja especialmente con la filosofía de Perpetual Planet, la iniciativa mediante la que Rolex apoya a científicos, exploradores y conservacionistas que trabajan para comprender y proteger los ecosistemas de la Tierra.
En el caso de Nicklen, la fotografía se convierte en el vínculo entre conocimiento y emoción. Sus imágenes no solo muestran animales y paisajes extraordinarios: buscan establecer una conexión emocional entre el espectador y aquello que está en riesgo.
Un archivo construido durante tres décadas
El resultado de esta trayectoria es un archivo de más de 2,5 millones de fotografías, construido a lo largo de 30 años de viajes, expediciones y esperas.
Entre sus imágenes más reconocibles se encuentran las de grandes grupos de narvales emergiendo a través de las aberturas del hielo marino cerca de la isla de Baffin. Son fotografías que resumen buena parte de su filosofía: acercarse a los animales con paciencia, respeto y una profunda comprensión de su entorno.
Para Nicklen, fotografiar la naturaleza implica aceptar la vulnerabilidad del propio fotógrafo. Estar cerca de un animal supone entrar en un espacio en el que desaparecen muchas de las certezas humanas y solo queda la observación.
“Cuando estoy cerca de animales, es una experiencia muy intensa y emotiva para mí. Me siento vulnerable, humilde y agradecido, y quiero que la gente sienta lo mismo con mi libro.”
Ese sentimiento es precisamente el que Nicklen pretende trasladar a Reverence.
La última oportunidad para reconectar con la naturaleza
El verdadero propósito del libro no está únicamente en preservar tres décadas de trabajo fotográfico. Nicklen quiere que sus imágenes provoquen una reacción.
La conservación necesita conocimiento, pero también necesita empatía. Y esa es la función que el fotógrafo atribuye a sus imágenes: conseguir que el espectador se detenga, observe a un animal y comprenda que existe una conexión entre su supervivencia y la nuestra.
“Si hay alguna esperanza de salvar este planeta, la gente necesita volver a sentirse conectada con estos animales y ecosistemas.”
Con Reverence, Paul Nicklen transforma 30 años de fotografía en un testimonio sobre la belleza del planeta y, al mismo tiempo, en una advertencia sobre todo aquello que todavía puede perderse. Una obra que encuentra en la fotografía un lenguaje universal para hablar de conservación, responsabilidad y futuro.









